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Samstag, 16 de Dezember de 2006 Convocatorias

Make Capitalism History o: Ampliemos la movilización contra la cumbre del G8

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Junio 2007: Una marcha inmensa de manifestantes de todo el mundo pasa por las calles de Rostock en protesta contra la cumbre del grupo de G8. Decenas de miles de ellos reciben a los jefes de gobierno directamente en la pista del aeropuerto y bloquean el lugar del encuentro tan elegante de Heiligendamm. Durante todo el encuentro del G8 la agenda de los poderosos vive ajustes y cambios por las acciones creativas e imaginativas de l@s activistas. La opinión pública está enfocada en la diversidad de la protesta y de la resistencia y no las declaraciones de los poderosos.


Mostrar la ilegitimidad de la cumbre del G8 ya no es sólo una demanda, sino es lo que está pasando en las calles, las vallas y los debates de los campamientos y en la contracumbre, y es justo lo que se está percibiendo en todo el mundo como el acontecimiento de Rostock. Durante todo un año muchos movimientos sociales, sindicatos, las campañas de los cristianos comprometidos, varias ONG, críticos de la globalización dominante, los partidos de la izquierda parlamentaria y las redes de la izquierda radical se habían preparado para este evento. Su actuación colectiva, su determinación política de impedir cualquier intento de divdirlos – a pesar de sus diferencias –hicieron fracasar tanto la desinformación de los medios como la represión policiaca.

Nuestra chance de convertir Rostock en tal acontecimiento, se basa en las protestas de Seattle, Praga, Genua y Florencia. Esta posiblidad a su vez es uno de los resultados prácticos de los debates en los foros sociales, y dentro de la izquierda crítica de la globalización y radical tanto en Alemania, como en Europa y el mundo entero. Aquí convergen las innumerables luchas locales en todas las partes del planeta. Si logramos aprovechar esta oportunidad, nos va a llevar más allá de Heiligendamm y de Rostock, más allá de cualquier campaña contra el G 8.

Deslegitimar el G8 sólo es un primer paso en la marcha hacia un movimiento global contra la dominación capitalista globalizada en su forma neoliberal. La izquierda intervencionista se entiende a sí misma como parte integral de esta marcha. Provenimos de generaciones distintas y de sectores diferentes de la izquierda radical no dogmática, somos activistas en organizaciones antifascistas, en distintos movimientos sociales y campañas políticas. Militamos de manera individual, pero también coordinados en sindicatos, organizaciones sociales y proyectos alternativos. Nos constituimos en el inicio de las luchas anti-neoliberales y globalofónicas.

Por una intervención radical en las relaciones sociales
Dondequiera se reunan los representantes y coordinadores del G8, de la OMC, del FMI, del Banco Mundial, de la OTAN o de la UE, la caravana del nuevo movimiento de resistencia ya está presente para enfrentar a esta dirección mundial y neoliberal de manera decidida. Mientras que en estos encuentros ellos se autoproclaman ser representantes legítimos del „mundo civilizado“, están en realidad organizando la continuación de un proceso destructivo el cual causa, para dar solo un ejemplo, la muerte por desnutrición de un ser humano cada segundo.

Ellos hablan de libertad, de la paz y justicia, de democracia y de la competencia ilimitada del mercado como (pre)condición fundamental para la felicidad y el bienestar de todos. Pero paralelamente crece el ejército de los „superfluos“ y con cada recorte en los gastos sociales se refuerza la necesidad de la protección militar del libre flujo de mercancias y ganancias. La guerra se convierte en política interna a nivel global, la violación de los derechos humanos se da en „defensa“ de los derechos humanos, y la tortura vuelve a ser aceptada.

Enfrentamos el reto de delegitimar al G8, porque había logrado, a pesar de todo, ganarse legitimidad. Con su promesa de crear un sistema de un orden mundial, el G8 logró un reconocimiento, sobre todo, porque millones de personas enfrentan a nivel mundial alarmantes condiciones de inseguridad. Y si el G8 proclama la necesidad de una competencia del libre mercado y la división de trabajo ilimitadas para lograr la felicidad y el bienestar, igualmente lora reconocimiento, porque la competencia para poder sobrevivir es asunto cotidiano para millones, o sea: ya forma parte de una estrategia de sobrevivencia de su propia existencia miserable.

Reimaginarse la izquierda
Si queremos cuestionar, desacreditar y finalmente destruir la legitimidad del G8, tenemos que encontrar otro tipo de respuestas frente a la inseguridad globalizada, caracterizada por la lucha por la supervivencia y la competencia forzosa y cotidiana. Son necesarias otras respuestas no sólo en relación al discurso neoliberal sino también a las presentadas por las izquierdas y movimientos sociales históricos. Hoy en día, la solidaridad internacionalista - el alfa y omega de cada iniciativa emancipatora – ya no puede ser considerada casi automáticamente como el elemento principal de unidad de la izquierda del norte con las revueltas del sur. Esto es manifiesto en la cadena de „intervenciones humanitarias“ y la confusión, desorientación y el carácter a veces abiertamente reaccionario de la resistencia contra la guerra imperial(ista).

Al mismo tiempo, la resistencia contra la explotación cotidiana y la marginalización ya no puede ser fundada exclusivamente en la identidad de un movimiento obrero unido por la universalidad de su situación de clase, que lo somete a la explotación. Por el otro lado, la diferencia, basada en la experiencia de dominación patriarcal o racista, que sirve de hilo conductor para los nuevos movimientos sociales, tampoco es suficiente para proveer un fundamento político, porque es intensificada por la fundamental y creciente inseguridad de la sobrevivencia cotidiana y la fragmentación de todas las relaciones sociales, lo que conlleva una creciente individualización.

No es que la explotación clasista o la dominación patriarcal o racista hayan cesado de existir, pero las clases explotadas hoy en día existen en forma de una jerarquía altamente diferenciada. Y conceptos como „diferencia“ o „subjectividad“ han sido transformado en conceptos de lucha de la domicación neoliberal, lo que permite azuzar a la gente contra si misma para competir por la sobrevivencia. El concepto de clase es determinado por la lucha de clases. Es tarea de la izquierda, identificar las condiciones existentes de un posible estallido colectivo, y articularlas como proyecto político. Tener la intención de delegitimar el dominio del capital, del neoliberalismo y por ende el G8 bajo las condiciones actuales significa primordialmente reinventar tanto la izquierda como los movimientos sociales.

Movimiento de los movimientos
La movilización contra la cumbre del G8 en Heiligendamm tiene como base tanto las experiencias de Seattle, Génova y Florencia, como las de Caracas, La Paz y las recientes de Oaxaca. Estas son las experiencias de muchas iniciativas, que resisten la privación sistemática de derechos con la globalización de derechos sociales, culturales, económicos y políticos, iniciando su lucha con la reivindicación del derecho a la libertad de tránsito y residencia. Estas iniciativas se rozan tanto con las resistencias contra el cerco militar de las metrópolis y la guerra imperial(ista) por un nuevo orden mundial como con aquellas que luchan contra la intensificación cotidiana de los regímenes del trabajo y de la explotación. Dondequiera se entrecrucen estas luchas surge – no sin contradicciones y a veces disputas angustiosas – la reivindicación por la gratuidad de la vida, manifestándose en la demanda por una renta básica para todos sin precondiciones, siendo al mismo tiempo un ataque contra la creciente capitalización de las condiciones de la vida y contra la obligación del trabajo asalariado. La reivindicación por la gratuidad de la vida se enlaza con la demanda de revertir los flujos de recursos y materias primas del norte hacia el sur, exigiendo como primer paso la condonación incondicional de todas las deudas del sur y el pago de reparaciones por la explotación colonial e imperial. La „antigua“ cuestión acerca del poder y la propiedad se dará de nuevo cuando se radicalicen, se amplien y desarrollen todas estas iniciativas. Pero se presentará como problema de la sociedad mundial y por ende va a reaparecer en la actualidad el desafío de la ruptura con el sistema de la propiedad privada, que se expresa en términos de clase, patriarcado, racismo e imperialismo. El mundo es y sigue siendo determinado por la historia de las luchas sociales. La vida liberada sólo se puede concebir trascendiendo a todas las relaciones de dominación.

Lo común
Esta oportunidad, que es una oportunidad común, nosotr@s sólo la podemos aprovechar junt@s . Este nosotr@s no sólo se define por grupos y proyectos de la red de la izquierda intervencionita. Este nosotr@s tampoco se limita a los diversos sectores de la izquierda parlamentaria y no-parlamentaria. Este nosotr@s se refiere a una constelación global de políticas emancipativas que va más allá de la izquierda y los antiguos y nuevos movimientos sociales. A nivel internacional existe hoy en día el potencial de resistir conjuntamente contra la dominación del capital. Esta posibilidad común de organizar las resistencias, y encontrar en ella lo común, hoy día puede ser algo diferente e irá más allá de lo que antes se denominaba „alianza“ o „frente“. Ya no existen ni el proletariado industrial, que, según los preceptos de los partidos obreros, constituía la única clase capaz de luchar exitosamente contra el capital, ni es que los movimientos sociales representasen el „proceso de masas“ o el „área de transmisión“ para una izquierda, que fuera su vanguardia. Los movimientos, llenos de diversidad y espontaneidad, no pueden substituir, lo que de ellos se diferencia como „izquierda“, ni terminarán la disputa por las diferentes formas de „ser de izquierda“. Pero este proceso no aspira formar ni la absoluta unidad ni una división definitiva. Para una „izquierda incipiente“, la comunicación y el intercambio entre las iniciativas y sus luchas no constituirán simplemente un medio fuera de su objetivo principal, sino el medio que a su vez es el objetivo para la construcción de lo compartido, de lo común. Pero este proceso sólo resultará eficaz en este intercambio práctico y vivido de las diferencias, en esa constelación abierta y solidaria de sus diferencias y en la intervención decidida en las relaciones sociales, o sea: de dominio.

Antes y después de la cumbre
La conformación de una alternativa global a la „global gobernance“ del capital, patriarcado y racismo es asunto de un poder colectivo, alterno y variado en movimiento. La intervención en este movimiento desde un enfoque de izquierda radical no es asunto de retórica sino de la asociación práctica de luchas para radicalizarlas. Esta movilización contra la cumbre del G8 presenta la oportunidad de discutir estos temas entre l@s activistas de las protestas sociales, de los movimientos ecologistas y por la paz, en defensa de los derechos humanos, de un sindicalistas de izquierda, de migrantes auto-organizados, de redes globalifóbicos y de las diversas corrientes de la izquierda. En eso radica nuestra intervención desde la mirade de la izquierda radical cuya meta es romper con el sistema dominante. Nuestra evaluación de este intento se basará en la relación solidaria de tod@s l@s participantes, en la transparencia de las disputas, en la confiabilidad de los acuerdos, en la capcidad de aceptar y respetar las formas diversas de aciones y expresiones.

El punto de partida también forma parte de nuestra intervención: el rechazo del G8, del neoliberalismo, de la dominación global del capital por medio de una negación y rebelión masiva en las calles de Rostock y en frente de las vallas de Heiligendamm, que se trasmitirá a nivel mundial. Por ello vamos a participar en todas las marchas, acciones y actividades de protesta. Por ello queremos transformar la llegada de los ocho jefes de estado y gobierno en un desastre. Por ello participamos en el „bloque G8“, una red de numerosos grupos con tradiciones muy diferentes de protesta y resistencia, para lograr de manera efectiva el bloqueo del encuentro del G8 en una acción solidaria del ¡Ya Basta! colectivo. Por ello hacemos un llamado para que se constituyan en todas las ciudades y regiones, redes y alianzas locales, en las que participen todos los grupos cualesquiera sea su inclinación de izquierda, para relacionar las luchas locales con los luchas globales, y para poder experimentar y vivir la cotidianidad de otro tipo de globalización, de un mundo diferente, que ya existe en nuestras luchas.

Izquierda Intervencionista, Noviembre de 2006

 
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